En una casa de católicos, la religión nunca fue un tema central, pero no por eso menos importante. De los típicos que rezan cuando tienen los huevos en la garganta y le refutan a dios cuando ven pobreza o muertes injustas. En ese ambiente me crié, con estampitas de la rosamistica en la cartuchera, que según mi mamá, me daba suerte para las pruebas.
Bautizado e instruido religiosamente desde los 4 años, nada era más obvio y más normal en mi vida que saber que dios existía y que estaba ahí para nosotros.
A los 9 años tomé la comunión, y el mejor recuerdo que me llevo es el asado que nos comimos después. Asado bizarro, porque atrás de la parrilla había globos papales y un "Feliz primera comunión". Pero bueno, en ese momento la pasaba bien, y nada de malo había en creer.
Me acuerdo que me molestaba cuando en el colegio, una vez por mes, nos hacían confesar ante el cura. Estábamos una hora sentados en los bancos de la iglesia hasta que nos tocaba ir. Una hora pensando qué carajo inventaba. Y corta imaginación, siempre decía lo mismo: "le pegué a mi hermana", "la insulté a mi mamá", "no hice caso", "le dije gorda a una compañera" (jajajajajaja).
Pese a eso, y a que me obligaran a ir a la misa de los viernes o no se qué día, nada me molestaba. Era divertido ir a la iglesia, no prestar atención, cantar las canciones esas y avergonzarte por saludar con un beso en el cachete a tus amigos en el "saludo de la paz".
Pero cuando fui creciendo, oh yo! rebelde, le empecé a hacer la contra a la religión. Solo por pura contra. Puede que haya estado algo influenciado por mi hermana, que cuando le contaba que me obligaban a confesarme me decía: "vos decile al cura que con 10 años no tenés la edad suficiente como para hacer una maldad que requiera confesarte. No te confieses". Pero yo, sumiso, jamás le hice caso (igualmente no me arrepiento).
Pareciera según lo que digo que en mi colegio eran estrictos con la religión. Pero no, no tanto como aparenta, realmente no jodían mucho.
Pero bueno, volviendo, a eso de los 11 años le empecé a hacer la contra a la religión en una escuela católica. Obviamente no lo decía, pero me gustaba hacerme el "yo no creo".
Y así, hasta los 13/14 años, yo decía no creer, con un profundo miedo a dejar de creer.
Hacer la contra me daba gusto, pero dejar de creer me aterraba. "¿Por qué si hay tanta gente grande, incluso mi familia, siendo creyente, voy a dejar de creer?, nada de malo hay en creer" pensaba. Y por las dudas, y como uno nunca sabe, prefería creer por miedo a algún tipo de "castigo". Sí, le tenía miedo al "castigo divino" que me metieron en la cabeza, y que me había dejado bien claro que dios nos protegía si lo amábamos.
Hasta que fui creciendo, y empecé a entender las cosas un poco más por lo que realmente eran. Y que la iglesia, la religión, la fe católica y dios, eran un invento del hombre. Un invento que a muchos hace bien, y a otros nos resbala. Un invento que mete miedo y maneja masas. Un invento que cobró miles de vidas a lo largo de la historia respaldado por tal "ignorancia" ortodoxa.
En la escuela secundaria fui aún más contrero con los profesores de religión, hasta que entendí que ponerlos de la vereda de en frente no me servía de nada. Incluso terminé teniendo una charla muy interesante con la profesora de catequesis de 5to año, la cual me agradeció el respeto que le tenía.
Y recién de grande, cuando realmente pude entender las cosas por como eran, me hallé seguro, cómodo y tranquilo con mi verdad. Ese día, le perdí el miedo a no creer.
(Respeto profundamente a todos aquellos que sean creyentes y hallen en su fe una base psicológica que les da seguridad y contención. Les aseguro, más de una vez, me gustaría poder creer.)
Bautizado e instruido religiosamente desde los 4 años, nada era más obvio y más normal en mi vida que saber que dios existía y que estaba ahí para nosotros.
A los 9 años tomé la comunión, y el mejor recuerdo que me llevo es el asado que nos comimos después. Asado bizarro, porque atrás de la parrilla había globos papales y un "Feliz primera comunión". Pero bueno, en ese momento la pasaba bien, y nada de malo había en creer.
Me acuerdo que me molestaba cuando en el colegio, una vez por mes, nos hacían confesar ante el cura. Estábamos una hora sentados en los bancos de la iglesia hasta que nos tocaba ir. Una hora pensando qué carajo inventaba. Y corta imaginación, siempre decía lo mismo: "le pegué a mi hermana", "la insulté a mi mamá", "no hice caso", "le dije gorda a una compañera" (jajajajajaja).
Pese a eso, y a que me obligaran a ir a la misa de los viernes o no se qué día, nada me molestaba. Era divertido ir a la iglesia, no prestar atención, cantar las canciones esas y avergonzarte por saludar con un beso en el cachete a tus amigos en el "saludo de la paz".
Pero cuando fui creciendo, oh yo! rebelde, le empecé a hacer la contra a la religión. Solo por pura contra. Puede que haya estado algo influenciado por mi hermana, que cuando le contaba que me obligaban a confesarme me decía: "vos decile al cura que con 10 años no tenés la edad suficiente como para hacer una maldad que requiera confesarte. No te confieses". Pero yo, sumiso, jamás le hice caso (igualmente no me arrepiento).
Pareciera según lo que digo que en mi colegio eran estrictos con la religión. Pero no, no tanto como aparenta, realmente no jodían mucho.
Pero bueno, volviendo, a eso de los 11 años le empecé a hacer la contra a la religión en una escuela católica. Obviamente no lo decía, pero me gustaba hacerme el "yo no creo".
Y así, hasta los 13/14 años, yo decía no creer, con un profundo miedo a dejar de creer.
Hacer la contra me daba gusto, pero dejar de creer me aterraba. "¿Por qué si hay tanta gente grande, incluso mi familia, siendo creyente, voy a dejar de creer?, nada de malo hay en creer" pensaba. Y por las dudas, y como uno nunca sabe, prefería creer por miedo a algún tipo de "castigo". Sí, le tenía miedo al "castigo divino" que me metieron en la cabeza, y que me había dejado bien claro que dios nos protegía si lo amábamos.
Hasta que fui creciendo, y empecé a entender las cosas un poco más por lo que realmente eran. Y que la iglesia, la religión, la fe católica y dios, eran un invento del hombre. Un invento que a muchos hace bien, y a otros nos resbala. Un invento que mete miedo y maneja masas. Un invento que cobró miles de vidas a lo largo de la historia respaldado por tal "ignorancia" ortodoxa.
En la escuela secundaria fui aún más contrero con los profesores de religión, hasta que entendí que ponerlos de la vereda de en frente no me servía de nada. Incluso terminé teniendo una charla muy interesante con la profesora de catequesis de 5to año, la cual me agradeció el respeto que le tenía.
Y recién de grande, cuando realmente pude entender las cosas por como eran, me hallé seguro, cómodo y tranquilo con mi verdad. Ese día, le perdí el miedo a no creer.
(Respeto profundamente a todos aquellos que sean creyentes y hallen en su fe una base psicológica que les da seguridad y contención. Les aseguro, más de una vez, me gustaría poder creer.)
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