Por más que lo que leas lo haya dicho o pensado alguien, juro evitar el plagio. Leete mi blog un rato.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Muerte y fe

Creo que nadie está preparado para tal evento, esperese o no. Nadie está, ni supongo querrá estar preparado para afrontar una muerte.
Todo esto se me vino a la cabeza por la reciente muerte de un famoso, y los medios no me muestran otra cosa más que fotos y videos del fallecido. Pero no es acá la muerte de este famoso lo que me importa, con todo respeto al difunto, sino una idea sobre la muerte y la fe que vengo teniendo hace rato.

No soy creyente. Perdí el miedo a no creer hace tiempo (eso será una publicación en otro momento). A lo que voy, no creo que cuando la gente muera vaya a parar a ningun lado más que a la tierra. Ni el cielo, ni el infierno. Si nos entierran, a la tierra; si nos creman, cenizas.
Pero creo que pienso así porque todavía no me chocó lo suficientemente fuerte la muerte como para no tratarla tan friamente.

Y es acá cuando relaciono la muerte con la fe, la religión, la creencia, etc. Siento que, sin duda, el día que pierda alguien muy cercano, el dolor va a ser tal que voy a necesitar seguir comunicándome con aquella persona. Voy a necesitar, por mi, por mi salud emocional, seguir hablándole y sentir que me escucha. ¿De qué manera? ubicándola en algún lugar abstracto que me remita y me de la seguridad de que esa persona está ahí. Por ejemplo, el cielo (entre los miles que nos podemos inventar. Pero calculo que el cielo me quedará cómodo, porque de chico creía en él).

Entonces, cuando se me muera alguien muy cercano, ¿voy a empezar a creer?. No se, lo dudo. No voy a empezar a creer en dios, pero sí, al igual que todos los fieles a dios, voy a necesitar ubicar a esa persona y seguir manteniéndola viva en mí para no sufrir tanto el extrañarla.

Es raro, y ojalá esté muy lejos de que me pase, pero de solo pensarlo un segundo, no imagino otra forma de sobrellevarlo más que esa. La muerte es jodida y creo que a todos nos da miedo. Pero bueno, por ahora, "no quiero llamarla". (Superstición estúpida, la muerte no tiene teléfono, já)

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